Mi alma.

mayo 9, 2012 - Escribir una respuesta

Mi alma, no necesita destellos fugaces ni resplandecientes; el acabado de ésta, es antiguo, de no se cuantos años, pero muy preciada. El llanto de un niño puede romper la barrera inquebrantable que ella tiene ante los demás. El suave caminar de la mujer, modelo llena de esperanzas y sueños de alta costura, también la envuelven y la convierten de satín fino, que puede ser desgarrado o manchado con cualquier toque.

Siendo así de sensible y humana, mi alma ha de desgarrarse cada vez que te veo llorar, sufrir. Es como sí aparte de que mi alma se rompe, todo lo que hay alrededor explota y al final también quiero morir en ese frenesí desquiciante que hay de locura, cuando se ama.

Frío

julio 1, 2010 - Escribir una respuesta

Hoy desperté en medio de la noche. Y te extrañé. Te extrañé como nunca lo había hecho antes. Mis ojos se llenan de lágrimas cuando aparece tu recuerdo en mi mente. Es especial. Eres especial. Nunca había experimentado tal vacío como ahora que te tengo. Ni cuando estaba sola en mi habitación imaginando el amor.

Mírame.

febrero 19, 2010 - Escribir una respuesta

Cuando te ruego que me mires, es cuando pienso que ya no vale la pena seguirte.

Ausente…

octubre 5, 2009 - Escribir una respuesta










































…Y sigues sin estar.

Como me gustaría llamarte…

junio 9, 2009 - Escribir una respuesta

Llamarte, devolverte la llamada;

Llamarte, llamarte por lo que eres;

Llamarte, por lo que para mi representas;

Llamarte, porque me impresionas con tu dulce sonrisa y tus brillantes ojos;

Llamarte si me siento mal, triste o simplemente por querer escucharte en mi cabeza;

A veces llamarte sin razón tiene sus consecuencias, hoy no me interesan, hoy siento que te llamaré sin equivocarme.

Otorgame un poco de tu credibilidad.

abril 29, 2009 - Escribir una respuesta

Odio que la gente no me crea cuando hablo en serio; y más porque lo que parece que es broma, es importante para mí. Como la simple pero a la vez compleja frase de “Te quiero”, ya de por sí es muy difícil decirla o escribirla, porque cada vez que lo hago es con verdadera honestidad. A varias personas se lo he dicho, solo unas cuantas me han creído. Es en estos momentos cuando me siento rechazada y desesperada por algo de credibilidad.

Siento que perdí la confianza de los demás. Para mí lo que es más importante, no son los secretos que me confíes, sino que hables conmigo de lo que te pasa en el día normalmente y me cuentes como te sentiste, así se aprende a conocer a una persona… a ser amigo de alguien. Tu hablando, yo escuchando y viceversa. Es un modo de conocerse a sí mismo también, donde yo encuentro lo que me gusta, lo que no, de lo que compartamos y nos riamos de eso juntos.

Pero aun así no creo que cambie nada, las personas que están, no entienden…no entienden.

Lo obvio.

marzo 10, 2009 - Escribir una respuesta

-Me afecta.
-…
-¿Que me afecta?
-…
-Lo obvio
-…
-¿Que es lo obvio?; Que tenemos distintas visiones de la vida, que nos ignoramos unos a otros, y que mas que nada, ya no nos queremos como antes.
-…
-O al menos eso es lo que me hacen creer.

Molino de Agua

noviembre 9, 2008 - Escribir una respuesta

Un muchacho de vista cansada y de apariencia deplorable pero ciertamente decente, entró con sigilo y cabizbajo al bar del pueblo, donde, a ella la había conocido el verano pasado en ese mismo lugar. Pensaba que era como un refugio para los melancólicos. Por eso, como si fuera su casa, colgó el sombrero y el abrigo que traía puesto al lado de la puerta. En silencio se dirigió hacia la barra y se sentó en un banco que estaba frente a la misma. Pidió una cerveza con una voz ronca, propia de sus treinta y tantos años, y se la despacharon enseguida.

Miró el recipiente con el líquido, como si fuera un objeto extraño, desconocido. Otro recuerdo. Él así la miró a ella, la muchacha de dieciséis años que se había llevado su corazón muy lejos. Y que para él así era ella, que venía de otro mundo, uno de sociedad. Así que creyó que al volver al bar, la encontraría de nuevo como aquella vez, pero no ocurrió nada. Tomó un sorbo del agrio licor y sonrió, aun cabizbajo.

La primera vez que la vio sonreír, ella tenía un largo vestido y un libro en la mano. Su mirada tierna y comprensiva, era un alivio para su alma; supuso en el instante que era como un ángel caído del cielo, un ángel que si él obraba todo, conforme a lo planeado, terminaría pecando con él. Era cuestión de tiempo.

Las velas dentro del bar se derretían lentamente…junto con la esperanza del muchacho. Recordó también como habían llegado al extremo de su amor, en tan solo dos semanas de la aparición de la muchacha. No conforme a lo planeado, ocurrió algo inesperado; en ese molino abandonado junto al río del pueblo, vio en ella lo que no había encontrado en alguien más. Era puro amor y deseo lo que ella sentía por él.

Puso unas cuantas monedas en el mostrador, se levantó del asiento, y con paso firme hacía la puerta, tomó su abrigo y el sombrero, se los colocó respectivamente y caminó fuera del bar. El que servía las bebidas, lo había estado observando de cerca. Pues tenía parecido con un señor que el verano pasado había asesinado a una muchachita, en una cabaña con un molino, junto al río.

Angustia Perdida

octubre 29, 2008 - Una respuesta

Hoy es uno de esos días en que no siento nada, solo angustia. Pero no angustia de la normal, que por la escuela, por el trabajo que no entregué, por el trabajo que me falta terminar, etc. Sentía un nerviosismo muy peculiar, que conscientemente se hace presente cada vez mas seguido cuando él no está.

Le digo un hola mientras pasa platicando con sus amigos. Él es de esos que se queda contigo y deja que sus amigos se vayan, pero en esta ocasión ellos no querían dejarlo conmigo. Lo abrazo, le digo un corto hasta luego y me meto al salón. Ya no sabré hasta cuando lo veré de nuevo. Cambio de clase. Tengo examen, no estudie bien y me va a ir de la tostada. Mientras mi lápiz acaricia la hoja del examen, solo pienso en él. En que, él podría estar empujándome a lo desconocido, como una fuerza en una torca, que podría estar conduciendo un coche que no tiene, pero que el examen sí me lo presenta, hasta sin fricción y con grado de inclinación.

Va rápido todo ya. Por fin receso. Me pongo de acuerdo con una amiga para poder sacar libros de la biblioteca y llegar a tiempo a clase. Vamos primero al baño y ya después perderíamos más de veinte minutos de los treinta que teníamos, en la biblioteca. En el camino de regreso, me va contando su melancólica historia de amor. Yo asiento o niego con la cabeza, no estoy de acuerdo y ella lo sabe. Suspira y subimos al salón en el último piso. Mi amiga platica con otro amigo, mientras me paseo por el salón checando haber si de casualidad lo veo a él.

Mi mirada se fija en el pasillo del penúltimo piso. Sí, ahí está él. Y como a veces pasa, no hace esfuerzo por buscarme. Suspiro largamente y me voy a sentar a mi lugar, no sin antes darme otras tres vueltas para verlo a él recargado en el pasillo. Ahí seguía platicando con sus amigos. Yo debería estar haciendo lo mismo.

Dibujo sin ganas. Cada vez se me va haciendo mas obvia la circunstancia de que lo quiero, lo extraño; todo mientras me distraigo con el paisaje fuera de la ventana. ¿Qué más da?, sigo con mi trabajo. Por fin el dulce timbre que anuncia la libertad, o la salida, que es prácticamente lo mismo, llega.

Camino lentamente, como no queriendo irme del lugar; no queriéndome encontrar con que él no me espera afuera como yo quisiera que pasara. Y así pasa. No hay nadie afuera. Sigo mi camino sola, veo a una antigua amiga pasar enfrente mío, distraída como es, no se da cuenta, sigo de largo. Al final del pasillo me parece visualizarlo a él, con esa sudadera roja que siempre trae cuando hace frío. Veo a todos lados menos a él. Al llegar al final del pasillo me doy cuenta de que en realidad no es él, y es un desconocido. Me entristezco mientras avanzo un poco más, pero mi tristeza desaparece al ver que en realidad sí estaba al final del pasillo.

Me sonríe, le regreso el extraño saludo sacándole la lengua. Detrás de él, otra antigua amiga con otras amigas. Lo abrazo desesperadamente y platicamos de nuestro día. Me pregunta donde estuve en el receso. No, no prefiero buscar desnudos femeninos en la biblioteca, que buscarlo a él. Pero era tarea y necesitaba el libro.

A veces no puedo creer cuanto no dejo de sonreír para él. Pude haber estado melancólica todo el día y con verlo a él, ya sea, sonriéndome, viéndome pícaramente, abrazándome, se me olvidan los problemas del mundo en un instante.

A veces mi corazón quiere decir que lo extraño, pero no puedo, algo no me deja gritarlo a los fuertes vientos. Hace frío, me cobijo con su brazo. Cuanto extrañaba esto, estar entre sus brazos; y ya se ha vuelto una necesidad que él esté a mi lado. Me pregunto cuando empezó esto y no puedo responder. Desde hace mucho tiempo, hasta más de un año. Que él es el único que me puede hacer sentir algo que creí estaba perdido para mí.

27.10.08

Como quien pierde una estrella

octubre 12, 2008 - Escribir una respuesta

Está demás decirte que sé todo lo que pasa por tu cabeza. Que entiendo como te sientes, como me ves, y la furia que te causo. Últimamente ya se me ha hecho fácil evitarte. Evito pensar en todo lo que no me has dicho cuando te tengo cerca. Pienso en otras cosas menos triviales y menos difíciles. Porque todo lo que sientes, esa atmósfera de mal humor y de sentimientos no dichos, me estresa, me molesta, me pone nerviosa, me destruye.

Y aunque se que tal vez de esta manera acabemos el año, me gustaría que al menos me dejaras evitar esta traición agobiante que clavaste en mi espalda; diciéndome lo que me quieras decir, estoy segura que no sabría como reaccionar, pero estaría dispuesta a escuchar. Porque estar así cansa a mi espíritu y desgasta mis energías de amarte cada vez más.

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